Frase o Cita de esta semana:

"Nacer es el comienzo de un viaje que la muerte no detiene, por el contrario, esa transformación, esa liberación le permite al alma liberarse del cuerpo, esto permite seguir el viaje hacía la eternidad donde nos encontraremos con nuestra Divinidad"
Time of Metanoia

27 de julio de 2012

Jesús, su metanoia


Entendemos el proceso evolutivo espiritual como la transformación del ser humano a mayores niveles de conciencia. Es el proceso que llamamos metanoia, que no es concebido como “arrepentimiento”, o pase de una situación negativa a positiva, sino una transformación en la comprensión de la conciencia espiritual humana, de forma que se viva una vida iluminada  guiada por el Creador Divino que está en el interior de nosotros, abandonando las formas egocéntricas e individualistas de vivir y comprender la vida, así como nuestro afán de comprender el propósito en ella.

Para comprender la transformación, lo que llamamos la metanoia de Jesús no se requiere de enormes dosis de fe sino comprender su humanidad la cual testifica la revelación del Creador Divino. Ese hecho es más que suficiente para comprender  su amor por nosotros. En las escrituras el aspecto divino de Jesús cobra más protagonismo que su aspecto humano a pesar que fue en su naturaleza humana la que verdaderamente sufrió esa transformación, su metanoia. La naturaleza divina era una parte inherente a El por lo cual no existía necesidad de transformación alguna.

La parte teológica sobre los relatos de su vida no le hacen justicia al ser humano interpretado por Jesús. Su sacrificio por la humanidad constituye una de las experiencias más traumáticas que un ser humano pueda enfrentar...la crucificción y la muerte.  Su expresión de amor hacia la humanidad que lo condenó fue uno de los actos más sublimes que un ser humano puede experimentar. Sin duda alguna su vida entre nosotros nos permitió conocer la bondad, el amor y la grandeza del Creador. A través de Jesús el Creador presenta su mensaje de vida eterna, el mensaje sobre su reino… palabras esperanzadoras para el mundo, para el ser humano, que mantienen una promesa, que no caducan, que mantienen su vigencia hoy día a pesar de la antiguedad de las mismas.

¿Podemos desde el aspecto humano revelar nuestro aspecto divino como lo hizo Jesús?

Lo grandioso de esos gestos de sacrificio, entrega y amor presentados por Jesús fueron expresados por el amor de su Padre hacia nosotros, por la aceptación de su misión, propósito y la unicidad con lo divino.  En este contexto no podemos conocer a Jesús desde un punto histórico, teológico o divino exclusive. Debemos conocerle en todos los aspectos de su humanidad-divinidad, haciendo una contraparte de los sacerdotes, escribas e historiadores que se han mantenido con un solo lado del perfil de la historia de Jesús, la divina, como si revelar la esencia de la humanidad de Jesús restara méritos a su grandeza. Sin embargo, es en la humanidad de Jesús que la revelación del Creador encuentra su máxima expresión, demostrando lo capaces que podemos ser desde el aspecto humano. Revelar nuestro aspecto divino como lo hizo Jesús significa dejar que fluyera esa fuente divina en su alma, espíritu y cuerpo para sentir la unidad con su Creador. Las expresiones de Jesús explican que su Padre y El son lo mismo, son Uno. El que lo ve a El o cree en El, ve y cree en su Padre, repitió Jesús en las escrituras. Estas son algunas entre otras frases reveladoras que han sido mitigadas en las escrituras.

Los evangelios no realizan una transcripción  precisa de los hechos, dejando mucho por explorar más allá de su papel de cordero y salvador. Los primeros años de Jesús, aún los que de ellos “no” sabemos o “no” se nos dice nada en las escrituras, encarnan a un hombre con una profunda metanoia en su vida. Esta visión que exploraremos es la vida de Jesús que nos lleva hacia el camino de liberación que El mismo caminó, que El nos trazó, pero como humanidad no hemos entendido aún o no deseamos comprender como le sucedió a los fariseos religiosos de las escrituras.

En los tiempos de Jesús existían los múltiples ritos, los distintos dioses, los innumerables dogmas, los centenares de mandamientos, la barbarie, las luchas, guerras, entre otras situaciones que aquejaban a la humanidad…un mundo en caos. Este fue el mundo en el que Jesús nació, creció y murió. Jesús vino a salvarnos, pero me parece que él vino a hacer mucho más… Jesús vino a enseñarnos cómo hacerlo, enseñando el camino y la verdad para lograrlo. En Jesús el mundo encuentra la esperanza..., ningún hombre había tomado tal postura ante la vida, ante la cultura, ante la religión como El lo hizo. Conquistó a miles sin armas, venció la muerte…el temor más arraigado en la raza humana.

¿Por qué lo hizo?
Las escrituras brindan esa respuesta. La pregunta a hacer es; ¿Cómo lo hizo? Jesús un judío piadoso de origen humilde procedente de Galilea. Pasó casi toda su vida dedicado a trabajos manuales, sin hacer nada aparentemente, nada extraordinario durante 30 años de su vida, de pronto sufre una transformación espiritual que lo lleva a abandonar su forma de vida, su familia, su actividad común, su trabajo, su rol social, para convertirse en un predicador ambulante, en un hombre extraordinario lleno del Espíritu. ¿Qué le impulsa a proponer una transformación radical de la sociedad, a enfrentarse con el poder religioso y civil hasta el punto de perder la vida en ese intento?

Esa es la metanoia de Jesús, la cual no empezó con el bautismo hecho por Juan, fue mucho antes en su vida…

Jesús pudo observar de cerca como vivía la gente, el hambre, la penuria, la enfermedad y la miseria del pueblo. Miró de frente las condiciones de los pobres y marginados, las injusticias a las viudas y los huérfanos, además de la opresión en la que vivían. Identificó la falta de igualdad de los opresores que poseían las riquezas… los herodianos y los sacerdotes nadaban en la opulencia e imponían yugos, dogmas, mandamientos y ritos con la excusa de la Ley, que ellos mismos no soportaban o cumplían.

Jesús sintió el sufrimiento y angustia de la gente en su carne mucho antes de ser crucificado. Comenzó a ayudar a la gente, sanando a los enfermos, y resucitando a los muertos. Dentro de El se alimentaba la esperanza que todos entendieran la relación de unos con otros y su importancia, aspiraba a que todos lograran una transformación de la forma de actuar entre las personas. El pensaba que era necesario que cambiáramos radicalmente de actitud e insistía que necesitábamos cambiar nuestro egoísmo y nuestra forma cerrada de vernos a nosotros y a nuestros semejantes. Estaba radicalmente en contra de la injusticia, de la opresión, de la hipocresía y de los ritos vacíos, pero parecía comprender la naturaleza humana de forma diferente. Entendió por que su misión iba dirigida a compartir la vida de los pobres, a rescatar la dignidad de estos en medio de tanta pobreza e injusticia. A partir de ese momento no existió una separación entre su persona y los que sufrían. Jesús descubrió su misión en el silencio y en la oscuridad de los problemas de la vida, desde su aspecto humano, con el mismo esfuerzo y la misma incertidumbre que afrontamos todos. Su punto de partida, que se convirtió en el centro de su mensaje, es sentir la proximidad de lo divino, hasta identificarse con El Padre, en una experiencia de unidad. Todo su mensaje fue a partir de ese momento el resultado de un dialogo íntimo en su interior. Encontró su humanidad y mostró su divinidad.

No era necesario, ni conveniente, alejarse de la forma de vida de la gente, no había que rechazar lo que la vida ofrecía, era posible sonreír con las cosas y disfrutar de ellas. El espíritu que escuchaba en su interior le llevaba a decir que todo era bueno, y que todo era santo y estaba lleno del espíritu divino. Pero había que vivir libre, no sometido al error de la separación. Era una condición radical de la voz que escuchaba, debía soltar todas las amarras con la vida para estar disponible a la acción de liberación que debía ser hecha. Por ello su vida se enfocaba como un mensaje de pobreza y riqueza al mismo tiempo. Pobreza aparente pues no poseía nada y riqueza porque al ser parte de todo, todo era suyo al mismo tiempo.

Lo más triste de una persona pobre es que sólo tiene mucho dinero…

Jesús aprendió que no debía esperar ver resueltas milagrosamente todas las necesidades. Aprendió a pasar penalidades y sentirse abandonado a pesar del espíritu que lo llenaba. Esta experiencia puede ser contradictoria, y añadía en muchos momentos de su silencio una oscuridad que al principio no comprendía, pero pronto percibió que la vida humana ha de ser independiente. Aprendió que el Dios Creador al que empezaba a llamar Padre intimo, y que percibía desde dentro, le dejaba solo y libre en las tareas humanas, no le daba de comer como incluso hizo con el pueblo en el desierto, ni de beber, ni resolvía las necesidades de cada día, sino que eso había de ser la tarea de los hombres actuando en función del espíritu interior.

Otra fase de su aprendizaje en soledad fue la comprensión de la clave de su vida. Esta suponía la aceptación no solo del desequilibrio inherente de toda la existencia, lo que producía la tensión dramática de la vida, sino la propia naturaleza especial de los que deciden seguir los designios del espíritu. Al proclamar la buena nueva de la renovación de las relaciones humanas y de las relaciones de los hombres con Dios dentro y fuera de ellos mismos, suponía una denuncia de las condiciones injustas de opresión que ejercían los poderosos, tanto religiosos como políticos. Por ello significaba un camino de sufrimiento y entrega, un camino de denuncia y riesgo, que implicaba ser perseguido, no aceptado y poner en riego su propia existencia humana. El lo expresaría después cuando dijera: “bienaventurados seréis cuando os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por causa mía…”. El mismo sintió en el silencio el peso de su mensaje y la consecuencia dolorosa del mismo. Ahí encontró su fragilidad. Ahí encontró su espíritu de entrega y sacrificio.

También comprendió como el nuevo mundo que se le abría, era un mundo en que había que pasar por la renuncia al poder y el control sobre otros. Vio su misión profética como una misión de servicio, de cambio radical de la forma de relacionarse unos con otros, sobre condiciones de igualdad, de donación y de justicia, por ello concretó su rechazo a la imposición violenta al mundo, y su proclama de una actitud de servicio al lado de los que más lo necesitaban.

El corazón de Jesús se llenó de alegría al percibir la presencia del espíritu divino en todas las cosas. Sintió radiante como se manifestaba en cada momento, en cada gesto pequeño, en cada cosa, en cada animal, planta o humano que le rodeaba. Eso le permitió ver directamente cuál era el origen de la transformación, una intervención decisiva, permanente, ver lo divino en cada momento en el interior de todo. Bailaba y cantaba con los pájaros de la orilla del Jordán, con los pequeños animales del desierto, con las nubes y las arenas interminables. Su vida se volvió un poema de amor que supo podía transmitir como un grito de esperanza.

El consideraba necesario un cambio del corazón, como El lo experimentó en sí mismo; pero este cambio era ya accesible a todos, y estaba ya actuando, estaba presente aquí y ahora. No era algo del futuro, no era algo del fin de los tiempos. Este cambio era el que habría de crear el nuevo tiempo. Con él terminaría el sufrimiento. Con él se resolverían las penalidades. A través de él el espíritu divino se manifestaría desde cada persona, desde cada grupo, y esto cambiaria las condiciones de la sociedad creando un mundo diferente. No había pues que alejarse de la vida, sino ir a la fuente de la vida y celebrarla, transformarla desde dentro. Esto es lo que aprendió y realizó Jesús en el silencio.

Jesús fue el Mesías que comprendió y nos mostró el rostro de Dios, lo divino que existe en el interior de nosotros mismos de una manera humilde, de entrega y aceptación de las esperiencias que suponen los caminos humanos. A pesar de la vulnerabilidad y la incertidumbre de la humanidad, la vida es un proceso evolutivo, necesario para nuestro crecimiento espiritual. Su nivel de conciencia, de conocimiento le permitió entender que su Padre y El son Uno y que todos a pesar de nuestras múltiples diferencias somos parte de El, por ende de su Padre, El Creador. Jesús lo dijo una y otra vez: si me ven a mí ven al Padre. De la forma como actuaba, expresó de la mejor manera las cualidades del Espíritu Divino que predicaba y al que llamo Padre, y que situó dentro de cada uno de nosotros.

La unidad intrínseca de todo lo que existe, de su verdadera naturaleza divina, espiritual nos permite conocer que el Creador no existe fuera de nada de lo creado. No es separado de lo que existe, sino que está entramado en la propia evolución de las cosas, siendo la sustancia misma del Universo. El Pleroma es la expresión completa de lo divino en lo existente, ese es el ejemplo de Jesús, de nosotros mismos, ¡somos el pleroma!, la expresión de esa creación. No puedo concebir un Dios Creador externo y separado de su creación, de la naturaleza que lo rodea, de los humanos que se relacionan entre sí con la sustancia y fuente divina en una historia de amor y odio, justicia y pena, perdón o castigo.

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30 de junio de 2012

La falsa voz, el ego

Sigmund Freud, considerado el padre del psicoanálisis dedicó parte de su vida al estudio de la mente humana. En el año 1923 presentó su trabajo basado en un modelo de tres partes de la mente. Fue un modelo teórico que utilizó para explicar cómo funcionaba la mente mostrando por primera vez al mundo el término ‘ego y la conciencia’ Freud trabajó la mayor parte de su vida tratando de explicar los problemas que surgían de ese ego recién descubierto. A pesar de ser un gran analista y ser tan prestigioso en la materia, ni él mismo con todo su conocimiento pudo curarse de sus propias dolencias mentales, probablemente su propio ego se lo impidió. Finalmente después de haber dedicado su vida al psicoanálisis concluyó que el hombre no tiene cura, para él todos padecemos de algún grado de neurosis y por lo tanto no podremos alcanzar la felicidad nunca.

No profundizó nunca en la grandeza del alma y a la edad de 70 años se le preguntó si aspiraba a la inmortalidad, contestó lo siguiente: ‘Cuando uno percibe el egoísmo que subyace a toda conducta humana, no siente el menor deseo de renacer. La vida, aún moviéndose en círculo seguiría siendo la misma”. Freud no tenía esperanza en la humanidad, no veía la perfección en todo un mecanismo imperfecto. En la historia será recordado por una de sus mayores contribuciones, lograr que la humanidad tomara conciencia de la falsedad de la personalidad, esa voz que llamamos ego.


¿Qué es el ego?
El ego es la voz interior que no es la “verdadera”. Es la contraposición a tu ser, a tu alma. ¿Cuándo surge? Al nacer vienes al mundo en pureza, sólo basta con mirar a un niño. A medida que vas creciendo tus padres, la escuela, la religión, el sistema político de tu país te van enseñando quién debes ser y lo que debes hacer. La familia te puede dar lo mejor pero también lo peor de ellos. El sistema educativo te inundará con tanto falso conocimiento que terminarás creyéndolo. Te enseña a leer, pero tienes que avanzar porque si no lo haces te quedarás rezagado es un sistema regido por la competencia.  Por otro lado, la política logrará que te etiquetes en alguna ideología: demócrata, republicano, socialista, comunista, liberal o conservador, cualquiera de los sistemas de gobierno en tu país. Pero la religión te hará el peor de los daños porque dependiendo el seno de la familia que provengas se te impondrá sin preguntarte el cristianismo, budismo, islám,  hinduismo o taoísmo entre miles de sectas existentes. Todos ellos contribuirán a formar tu falso ser. El señor Ego.

¿Dónde y Cómo trabaja el Ego?
En la mente. Esta última está creando continuamente pensamientos que vienen y van. Son de todo tipo y no tienen límites en el tiempo ni de frecuencia. Te bombardea con pensamientos de tu pasado, buenos o malos, del presente en el cual vives con los dilemas diarios y del futuro que te hace soñar con lo que no tienes y con preocupaciones o con posibles problemas que aún no han llegado. La mente tiene una voz muy fuerte que siempre te está acompañando. Es una voz tan poderosa que aún en tu muerte estará presente contando el último suspiro. Esa voz te crea dudas respecto a todo lo que se te presenta en la vida y es la que te hace disfrutar los aires de grandeza y superioridad. Logra que te motive el reconocimiento, aunque te hace negar lo contrario. Quiere que analices cuanto pensamiento se te atraviesa y mientras más te resistas mayor será su persistencia. Cuando tratas de engañarte al declarar que eres inmunes a su encanto, es en realidad cuando el ego está hablando. No es tu voz verdadera, simplemente es la otra voz.

Para el ego la competencia es vital, te dice que tienes que luchar, tienes que llegar muy lejos porque así tendrás éxito. Llévate a quien sea por delante con tal de alcanzar lo que deseas en la vida. En su debido momento te hará experimentar la culpa porque eso te creará una baja autoestima. Tu falsa voz desea que cuestiones todo, te dice es bueno ser analítico porque todo tiene que tener sentido. No acepta la opinión distinta y puede ofenderse si se siente atacado. El ego te hace mostrar la cara de la hipocresía porque con esta puede ocultarse.  Finalmente te dejará tirado en una esquina depresivo, infeliz y acomplejado. Te has compenetrado y estás tan identificado con ese falso yo que puede controlarte, puede tomar tus decisiones y más aún puede actuar por ti. Al final del camino te llegas a preguntar la razón de tus supuestas desdichas, pero sólo existe un culpable… tú lo permitiste. Le otorgas poder para que te haga vivir observando las leyes y los reglamentos, todo en el mundo son normas. Sólo así te hace juzgar y decidir qué es bueno y qué es malo.

Son esas leyes el instrumento para que salves o condenes a una persona. Te haces víctima de su adicción porque no tiene límites, te hace clasificar todo, cuestionar y te hace pensar que sólo tú posees la verdad. ¡Cuidado! El ego utiliza su mejor recurso, la espiritualidad. Con esto te hace estar siempre a la defensiva enjuiciando todo lo que tus ojos ven y otorgando a los supuestos transgresores todo el peso del castigo. Su concepto entre la lucha del bien y el mal lo obsesiona. Vive de eso y te inunda con pensamientos de que existen los buenos y los malos, por tal razón tienes que ubicarte en uno de los bandos.

¿Con qué te domina el ego?
Utiliza una poderosa arma: el miedo. El ego te aterroriza haciendo que creas que puedes perderlo todo, aún la vida. El ego no reconoce que hay vida después de la muerte. Para el ego es importante el miedo como medio para su supervivencia. Si no tienes suficiente dinero no puedes conciliar el sueño y con eso te controla la vida entera. Te posee cuando logra que le tengas miedo a la muerte, a la enfermedad, a la soledad, a ser rechazado, juzgado, no amado. Te hace estar decepcionado con las personas, la vida y contigo mismo. Te hace pensar que cada decisión es una nueva, pero te dice que tengas precaución porque alguien te puede lastimar. Muchas personas creen que esa voz es la del famoso personaje el “diablo”. Se les oye a menudo replicar: el “diablo” me puso un pensamiento, el “diablo” me hizo hacer esto o aquello, pero no es así. Es contradictorio porque entonces tendrían que afirmar que tienen el diablo dentro todo el tiempo y no quieren decir eso. ¡Imposible! Sólo lo hacen porque así justifican la condición de su falsa personalidad. En realidad no reconocen su otro lado, uno carente de luz. Es ese el otro yo, el cual no quieren aceptar, el lado sin luz de su personalidad humana.

‘Sólo el conocimiento que llega desde adentro es el verdadero conocimiento’.  Sócrates

¿Cómo me libero del ego?
Dejando hablar a la verdadera voz en medio del silencio, el verdadero yo.
Al ego le conviene apartarte de tu conciencia. Te aleja de la realidad verdadera y de lo que eres. Te quiere atrapar en el mundo de la ilusión, de lo común y corriente porque quiere que sigas creyendo que la vida sólo es dolor y sufrimiento. La voz del ego te puede parecer como la más lógica, pero no es la real. Sin embargo, La voz del alma es aquella que te resulta contradictoria, la que parece irracional, siempre es incomprensible porque es la voz real, es la voz de Dios que hay en ti. El poder que le permites tener a la voz falsa es tan grande que puede simular y opacar la voz verdadera con el deseo de controlarla y apagarla.

Tu verdadero yo surge cuando te detienes, ejerces el dominio propio y detienes la invasión de pensamientos del ego. Es la única manera que la podrás controlar. Es en el silencio y en la quietud de la mente cuando puedes sumergirte en ella hallando paz y sosiego. A través de la liberación de todo ese mar de pensamientos es que te deshaces de las culpas, los miedos, los juicios, los fingimientos y la hipocresía. Logras ver cómo la vida se une y contemplas la majestuosidad de tu interior.

El ego tratará de impedir esa conexión con tu ser, a él no le conviene que florezca la voz sensible del alma: el amor, la sensibilidad, la compasión, la verdad y el conocimiento de Dios. Sin embargo, puedes decirle a tu ego: Basta, mi ser va a conectarse con lo sublime. Puedes rechazar cualquier tipo de pensamiento, sólo sigue el silencio buscando esa unión divina con el Altísimo. Sabrás que para lograrlo tienes que apagarte, desconectarte de ese enchufe que te tiene encendido todo el tiempo. Necesitas descansar en la paz, necesitas reposo. Tu alma te está pidiendo a gritos recargarse, ¡Escúchala! Tu ego te dirá que necesitas estar activo, pensando, analizando. Te pide que no pares de pensar, pero tienes que hacerlo porque si no lo haces el ego te atrapará en un círculo vicioso, el que nunca se detiene. Te dará lo que quieres, pero luego tendrás otra necesidad, otra cosa sin resolver.

Siempre hay más, más y no acaba. Te dice cuando tengas eso serás feliz, cuando seas perfecto todos te verán como un “santo”, te amarán pero no es cierto, es otro engaño más. A pesar de que el ego es algo que no podrás borrar mientras estés en este cuerpo, sí puedes controlarlo. Lo único que tienes que hacer es decirle no. NO al juicio, NO a la hipocresía, NO a todos los prejuicios. Ama, ve y disfruta la vida tan simple como es, imita la sabia naturaleza que vive en armonía con todo. Ten compasión y no trates de analizar a los que no son como tú y sobre todo aquel que consideras tu enemigo, bendícelo no lo maldigas. Sé tu mismo y acéptate tal como eres, con toda tu perfección y tu imperfección porque al hacerlo aplastas tu ego. ¡Aquieta tu mente, detenla y purifícala! Deja fluir tu voz genuina, permite que te ilumine y te conecte con la esencia, el éter, lo verdadero. Tu luz fluirá, a eso se refería Jesús “Vosotros sois la luz del mundo” Ilumínate y se lumbrera a los demás, así entenderás que tu alma es todo lo que el ego no es y que sólo tienes ausencia de luz en tu interior.

En el estado de Carolina del Norte el Reverendo Charles Worley se manifestó sugiriendo poner a los homosexuales y lesbianas en campos centrados con vallas eléctricas. Personas como el Reverendo son los llamados santos que hablan de humildad y modestia, pero cuando los miras a los ojos no encontrarás un ego tan refinado en ninguna otra persona. Su ego ha adoptado la vestimenta de la religión o la santidad. 

Respuesta a su ego: El amor es contrario al miedo, la ignorancia y a la decadencia espiritual que existe en aquellos dominados por su lado oscuro. Todavía la verdadera voz del alma, la voz que ama, la que provee la sabiduría y la inteligencia hace recordarnos que es el amor quien todo lo alcanza, todo lo puede y todo lo redime.

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12 de junio de 2012

La misoginia; El auspiciador y la que lo padece

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la ONU en 1948, se reconoce que “todas las personas nacen libres, iguales en dignidad y derechos, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, esta igualdad esencial no puede ser desconocida sin que se atente contra la dignidad de la persona.

¿Odio y desprecio a las mujeres?
Si bien ante la ley todos los seres humanos somos iguales, la realidad y específicamente la biología y la religión imponen diferencias que han sido utilizadas para que las personas sean tratadas de diferente manera, según su sexo. En el caso de las mujeres, se ha mantenido la idea de que son inferiores respecto de los hombres. Esta idea ha sido defendida por personajes religiosos y personajes influyentes como los filósofos griegos Platón y su discípulo Aristóteles. El primero decía que Dios había hecho sólo al hombre una criatura divina, y el segundo identificó a la mujer como ser defectuoso y de inferior inteligencia. Sócrates las ignoraba completamente. Otros como Martín Lutero, Pablo de Tarso, Tertuliano, San Ambrosio, San Agustín de Hipona, San Timoteo, Nicolás Maquiavelo, Friedrich Nietzsche y muchos más han expresado sus prejuicios sociales y discriminatorios hacia la mujer. Esta conducta se le conoce como misoginia mientras otros les llaman machismo.

El significado de la misoginia y su historia
La misoginia es muy antigua, “Myso” en griego significa odio, y “gyno” mujer, por lo cual de acuerdo a su etimología, un misógino es quien odia al sexo femenino. El diccionario define misógino como: Aquél que odia o siente rechazo hacia las mujeres y define al machismo de esta manera: Actitud y comportamiento de quien discrimina o minusvalora a las mujeres por considerarlas inferiores respecto de los hombres.

A veces ese rechazo o trato despectivo hacia las mujeres se puede detectar en las distintas relaciones de un hombre con una mujer. Puede que sea de un modo expresivo; físico o verbal, otras en forma indirecta, a través del menosprecio o humillación. Es típico que dicho comportamiento en contra de la mujer se puede observar por parte del jefe, de un padre, de un marido, de un hermano o de un supuesto amigo. Pero sin duda la relación más peligrosa puede ser la del marido. Un ejemplo de ello lo vemos en la película “Slipping with the enemy”.  Tratar a las mujeres como “objeto” o “posesión” queda plasmado desde los tiempos bíblicos que refuerzan la misoginia contra las mujeres. De hecho uno de los mandamientos así lo confirma:

"No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo." Éxodo 20: 1

Evidentemente el otro mandamiento; “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, crea una contradicción entre los mismos. A menos que en ese concepto de “prójimo” se estuviese excluyendo por completo a la mujer, (como era la norma), entonces podríamos entender los relatos bíblicos en los que se discriminan brutalmente contra la mujer. El hombre no hubiese permitido bajo ningún concepto que se le tratara como un objeto.

¿Dios creó a la mujer para sufrir de misoginia?
Algunos de los personajes religiosos y pensadores influyentes del pasado mencionados en párrafos anteriores fueron representantes o exponentes religiosos, lo que llega ser paradójico al ser estos los llamados a promover la igualdad y no lo contrario.  Esta antigua conducta puede ser rastreada hasta los orígenes de los relatos bíblicos comenzando en Génesis. En los relatos de la Creación de nuestra especie Dios creó primero al hombre, luego a todas las especies de animales y luego por último a la mujer para que le sirviera de ayuda/compañía al hombre, dado que al parecer los animales no cumplían con tal propósito. Infiere que se crea la mujer exclusivamente como posesión para el hombre. Pero al no poder pasar por alto el “issue” de que la mujer era necesaria para la reproducción de la especie tuvieron que incorporarla finalmente.  No se pudo obviar semejante verdad, como tampoco manipularla por los sacerdotes o escribas de la antigüedad otorgándole el último lugar en la creación. Esto da paso a como se crea a este “ser” femenino y como incluirlo en la historia de manera que se mantuviera por debajo del hombre.

¿Cómo se creó  al “ser” femenino?
Aún se mantiene un debate basado en los dos relatos de la Creación. Uno señala que fueron creados hombre y hembra simultáneamente, hay que resaltar que este primer relato del Génesis es sin embargo simétrico:
"Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó," Génesis 1: 27. El otro relato indica que fue de la costilla del hombre que sale la mujer. Génesis 2: 22. Esta versión por supuesto fue la que más auge y apoyo tuvo entre los sacerdotes, escribas, entre otros…¡todos hombres, por supuesto!. Ellos a cargo de guardar la palabra de Dios, lo que dio paso a que esta versión se impusiera a la mujer por mandato divino. La mayoría de los propagadores de la fe judía, cristiana o islámica tomaron en cuenta ese relato del Génesis a la hora de explicar la naturaleza de la mujer, su rol en la sociedad y en el mundo. Claramente los hombres por imposición se aseguran que las mujeres entiendan su rol en la sociedad, en el mundo… “sujeción” y “sumisión” al hombre.

Al hacerlas responsable de la caída del hombre, pretexto sugestivo de ser indignas por su falta de obediencia a Dios. Esto según los relatos en Génesis 3:16 . La parte final de ese versículo dice: “… y tu deseo será para tu marido, y el se enseñoreará de ti.” Desde entonces las cosas son así en el mundo religioso… “por mandato y orden divino”.

En la antigua Roma la mujer, al menos hasta el imperio romano nunca pudo despojarse de esa estigma. El cristianismo perpetuó ese criterio que se heredó del judaísmo. Este estilo de conducta hacia la mujer se ha mantenido con pocas variantes en la historia como pretexto para otorgar a la mujer un trato discriminatorio, de desigualdad y en ocasiones de desprecio. Acciones que están íntimamente ligada a una conformación estructural patriarcal de la sociedad como lo vemos en la Biblia. Desde esa perspectiva misógina de la sociedad, la mujer se expone a la violencia, en todas las manifestaciones que la violencia asume.

"Si la mujer fuera buena, Dios tendría una"
Sacha Guitry

La mujer en el mundo hebreo
Hoy difícilmente nos imaginamos hasta qué extremos llegó en el mundo antiguo y religioso la discriminación contra la mujer. Las religiones orientales llegaban a negarle la naturaleza humana, atribuyéndole la de animal. El culto de Mithra, que señoreó en todo el imperio romano en los comienzos de la difusión del cristianismo, excluía radicalmente a las mujeres.

El mundo hebreo se nos muestra con una religión exclusiva de varones. Filón de Alejandría unos de los filósofos más renombrados del judaísmo nos cuenta que toda la vida pública, con sus discusiones y negocios, en paz y en guerra, eran cosa de hombres. La mujer vivía completamente marginada y su deber era quedarse en la casa y vivir en retiro. Este separatismo estaba reflejado en las leyes imperantes: la mujer era indigna de participar en la mayoría de las fiestas religiosas, no podía estudiar la Torá ni participar en modo alguno en el servicio del santuario. No se aceptaba en juicio alguno el testimonio de una mujer, salvo en problemas estrictamente familiares. Estaba obligada a un ritual permanente de purificación, especialmente en las fechas que tenían algo que ver con lo sexual (la menstruación o el parto). De ahí que el nacimiento de una niña se considerase una desgracia. Rabbi Simeón ben Jochai escribe en el año 150: "Todos se alegran con el nacimiento de un varón. Todos se entristecen por el de una niña" ¡Imagínese!, un hijo es una bendición de Dios sin importar su sexo, pero ellos los religiosos a cargo de las escrituras bíblicas no lo entendían aún.

En fin, la mujer se consideraba como posesión del marido. Estaba confinada a las faenas domésticas, no podía salir de casa sino a lo necesario y convenientemente vigilada. No podía conversar a solas con ningún hombre so pena de ser considerada como indigna y hasta adúltera. Ante cualquier sospecha de infidelidad, debía someterse a la prueba de los celos (Num 5, 12-18). En caso de poligamia estaba obligada a tolerar otras mujeres. Siempre se atribuía a ella la esterilidad de la pareja. La discriminación en caso de adulterio era radical. Esta humillación, sobre todo en el campo religioso llegaba a castigos y situaciones increíbles y penosas, inclusive a la muerte.

Tres veces al día todo judío varón rezaba así: "Bendito seas tú, Señor, porque no me has hecho gentil, mujer o esclavo". A lo que la mujer debía responder, agachada la cabeza: "Bendito sea el Señor que me ha creado según su voluntad". Y el rabinismo de la época de Jesús repetía tercamente que "mucho mejor sería que la Ley desapareciera entre las llamas, antes que ser entregada a las mujeres".

Las mujeres y Jesús
Ese era el mundo en que se movió Jesús. Estas, las costumbres en las que fue educado. Desde entonces como vemos a lo largo de la Biblia la mujer (con excepción de unas pocas) no tiene un papel de importancia que no sea el de reproducción otorgado en Génesis. En el Antiguo Testamento podemos encontrar historias de heroínas, como Ester o Débora, pero estos personajes femeninos están colocados para defender el nacionalismo religioso judío y en ningún momento mejoran la imagen sobre la mujer que tiene la Biblia. En algunos pasajes del Nuevo Testamento la actitud de Jesús frente a las mujeres es diferente (Jn 8:1-11, Jn 4:7-26, Jn 11:25-27, Jn 20, Mt 15:21-28, Mc 7:24-30, etc.)  respecto al tratamiento que dan al sexo femenino otros hombres célebres en los anteriores textos bíblicos.

Las consideraciones y el amor de Jesús a las mujeres
Por su apertura al amor y su fina sensibilidad la mujer está especialmente capacitada para comprender el mensaje de Jesús. Por ello, el Maestro no dudó en revelarles verdades profundísimas sobre su misterio, a la mujer samaritana le declaró que Dios es Espíritu y que no debemos adorarlo en Jerusalén o en un monte, sino "en espíritu y en verdad". Él mismo se presenta a ella como el Mesías prometido (Jn 4, 24.26). A Marta, la hermana de Lázaro, le dice que Él es la resurrección y la vida (Jn 11, 26). A María Magdalena le da a entender que su Padre Celestial es también Padre de todos los hombres (Jn 20, 17). Las mujeres comprenden el lenguaje del amor, que es el núcleo del mensaje de Jesús.

Jesús habla con ellas con naturalidad y respeto. Les permitió que le siguieran de cerca, que le sirvieran con sus bienes (Lc 8, 1-3). Esto era inaceptable en ese tiempo. Jesús rompió con los esquemas socioculturales de su época. Les corrigió con amor y respeto, cuando fue necesario, para enseñarles. A su Madre la fue elevando a un plano superior, a una nueva maternidad, que está por encima de los lazos de la sangre  (Lc 2, 49; Jn 2, 4; Mt 12, 48). A las mujeres que lloraban en el camino al Calvario les pidió que sus lágrimas las reservasen para quienes estaban lejos de Dios, a fin de atraerles a la conversión (Lc 23, 28). Les premió su fe, confianza y amor con milagros: a la mujer del flujo de sangre y a la hija de Jairo (Mt 9, 18-26). A la suegra de Simón Pedro (Mc 1, 29-39). Al hijo de la viuda de Naín (Lc 7, 11-17). A la hija de la cananea (Mc 7, 24-30). A la mujer encorvada (Lc 13, 18-22). Jesús fue amoroso con estas mujeres y supo consolarlas en sus sufrimientos.

Jesús acepta la amistad de las hermanas de Lázaro, Marta y María, que lo acogen en su casa con solicitud y escuchan con atención sus palabras (Lc 10, 38-42). La amistad es un valor humano, y Jesús era verdadero hombre. ¿Cómo iba él a despreciar un valor humano? Jesús las perdonaba, cuando estaban arrepentidas (Jn 8, 1-11; Lc 7, 36-50; Jn 4, 7-42). Jesús llama a las mujeres a ser apóstol de su resurrección (Jn 20, 17) convirtiéndose así en las primeras enviadas a llevar la buena nueva de la victoria de Jesús.

Sin embargo, Jesús no desconocía la realidad de los problemas de la adúltera, de la Samaritana, de María Magdalena. Sabía que ellas podían alcanzar la iluminación de sus almas, por su capacidad de amar. Jesús ve en ella un reflejo espléndido del amor de Dios, una criatura llamada a la alta vocación de madre, de esposa, de hija y líder. Jesús lega a todos los hombres un magnífico ejemplo del trato que merece la mujer.

El Apóstol Pablo
Es un fiel exponente de la misógina en la sociedad antigua, sus palabras en 1 de Corintios sellaron y confirmaron a su mejor entendimiento la jerarquía entre la divinidad y los hombres y estos con las mujeres en la sociedad con relación a Dios.

"Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo." I Cor 11:3

Este es uno de los pasajes favoritos de los misógonos, de los machistas, abusadores y transgresores de los derechos de la mujer. Imagínese la Biblia los respalda desde Génesis, según sus escritores. Pablo lo confirma ¿Que más podemos esperar?…sólo lo que hizo Jesús. Pero pocos desean “olvidar” lo enseñado en la antigüedad, le es difícil aceptar las enseñanzas de Jesús, por el contrario desean perpetuar la conducta discriminatoria contra la mujer con el único fin de poder y control. Otorgando más validez a lo expresado “por otros” sin considerar apenas lo que hizo y enseñó Jesús al respecto.

Jesús vino a salvar e iluminar a todos
Nadie quedaba excluido, mucho menos, la mujer, en quien Jesús puso tanta confianza. Dios personificado en Jesús se hizo hombre a través de una mujer, quizás está acción del Creador trata de decirnos algo sobre el valor que El le confiere a la mujer y que muchos machistas olvidan… confió su nacimiento y cedió su cuidado a una mujer. Desde los tiempos de la creación ha sido así, desde entonces ningún ser humano viene a la vida si no es a través de una mujer, varón o hembra por igual.

Lamentablemente la misoginia sigue existiendo, lo vemos en personalidades públicas, en personas que nos encontramos en nuestra vida cotidiana, en el mundo religioso en muchas relaciones interpersonales que originan muchos actos de violencia contra las mujeres en todos los ámbitos. Tradicionalmente diversas religiones han relegado a una segunda posición a las mujeres considerándose esas prácticas machistas. En múltiples ocasiones son descalificadas para determinados cargos u oficios solo por ser mujer. En la jerarquía eclesiástica del cristianismo católico, por ejemplo, se dan los casos en que las mujeres que asciendan a mayores posiciones son monjas o hermana superioras. Esto no sólo sucede en la religiones, el campo laboral es otro ejemplo de marginación al sexo femenino, en el matrimonio donde el maltrato es aceptado en nombre del amor.

Si Dios creó uno o al otro primero es inmaterial para Dios, me parece que fue el hombre que se adjudicó por conveniencias unas convicciones que impuso unilateralmente a la mujer con el pretexto de control y poder. Dios creó a los seres humanos, a la pareja en igualdad de condiciones, a fin de que se apoyaran emocionalmente y espiritualmente. Recordemos, "Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó," Génesis 1: 27. Personalmente deseo ver a todos los humanos en igualdad de condiciones, porque a fin de cuenta todos somos Uno…los hijos de Dios.


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